AL ABUELO PEDRO
El abuelo vestía bombachas vatarazas
ceñida a la cintura por negra faja,
pañuelo oscuro anudado al cuello,
sombrero de ala ancha cubriendo el sol de enero,
leyendo, bajo la sombra de los sauces,
sobre un cuero de oveja reposaba en la siesta.
Al abuelo le fue dado labrar la tierra.
pero, exhalando el humo de la pipa,
él prefería descifrar a las estrellas.
A su luz, en las noches de verano,
en el campo, donde era un mar el cielo,
me enseñó sus nombres, a distinguirlas,
acodados sobre la gramilla
navegábamos imaginariamente por el cosmos.
Los cuentos del abuelo...¡cuánto los añoro!
polvo azul que sobrevuela el recuerdo...
Con danzas de luciérnagas
escuchaba absorta las inverosímiles historias,
amasaba con ellas las oníricas horas.
Del abuelo de los ojos color del cielo
heredé su capacidad de tejer sueños
y esa sed de estrellas que aún conservo.
MARIA CRISTINA FERVIER
SALTO GRANDE – PROVINCIA SANTA FE
ARGENTINA
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